domingo, 5 de octubre de 2008

Nunca olvides su belleza



Estoy echado en la camilla pensando en… nada, nada importante, supongo. No tengo nada en las manos, pero comienzo a percibir un olor casi paulatino del otro lado de la cama. Al costado de mi camilla, casi a un metro, un señor de aproximadamente setenta años se acomoda dándome la espalda. Su nombre es el Sr. Robles y cada vez que se levanta para ir al baño puedo verle medio trasero lleno de pelos, caminando a paso lento y con una sonrisa enternecedora. Es gracioso, siempre habla, pero raras veces se le entiende. El Sr. Robles tiene un par de días ahí, se está recuperando de una operación y mientras tanto comparte conmigo la habitación 403 del Hospital 2 de Mayo. Ese hedor debo suponer que es del Sr. Robles; pienso que es una forma extraña de comunicación. A pesar de esto, el Sr. Robles, sin tener que hablar me ha enseñado muchas cosas. Se nota que ha tenido una vida tranquila, siempre dentro de los límites, actuando con prudencia y benevolencia. Su mirada me explica que cuando uno hace las cosas bien, Diosito te recompensa.

Su hija viene a visitarlo todos los días. Ella llega más o menos a las 2 de la tarde, revisa que todo esté en orden, que nada le falte y conversa algo con él. Se nota que disfruta atender a su padre, lo mima, lo abraza, le conversa. El Sr. Robles habla con ella y siempre termina haciéndola reír. Me pregunto si el Sr. Robles alguna vez fue payaso o comediante. Tiene siempre una sonrisa para todos aquellos que lo miran. Ahora está conversando con su hija, parece que ella le dice algo serio porque ella se nota rígida, muy triste. Ella empieza a llorar y sus gimoteos llenan toda la habitación. Los quedo mirando y el contraste es inverosímil. Mientras la hija del Sr. Robles rompe en llanto de desesperación, él la mira con absoluta tranquilidad, se queda callado y le permite un abrazo cálido y apaciguador. Algo le dice, la verdad no logro escuchar, pero él siempre es así, muy tranquilo, parece tener el control de todo, supongo que los años le dieron ese dominio total de las situaciones, o quizá sea una suerte de paz espiritual que tenga. Siempre habla en las noches; es un hablar mesurado y coloquial, no se le escucha bien, pero su voz en las noches debe de tener algún efecto arrullador porque nunca logro estar despierto para saber que hace después de hablar en solitario. Ahora su hija está igual de tranquila como él, conversan, se ríen, ella lo abraza, él le da un beso en la frente.

Al día siguiente me levanto, no puedo doblar bien mi cuello, pero en la puerta veo venir al Sr. Robles, está sonriendo y camina lento, muy lento. Son las 9 de la mañana y todo en el hospital suena celestial. Siento que puede ser un paso al cielo, un puente al infinito mundo celestial, un preludio al encuentro con Dios. El Sr. Robles se detiene al costado de mi cama, me mira con ternura y me dice: “Vengo del jardín y allá afuera hace un lindo día, seguro tu podrás pasear allá mañana. Nunca olvides su belleza”. Le doy los buenos días, me froto bien los ojos, y hago un estiramiento con una sonrisa de respuesta. En la tarde llega su hija. Verla feliz la hace increíblemente hermosa, tiene el cabello rojizo, los ojos grandes y una sonrisa que sale del corazón. Lleva puesto una blusa rosada y un caminar mesurado, es fácil entender que es la hija del Sr. Robles. Me hace una venia acompañada de una fácil sonrisa y luego abraza a su padre. Se dicen algo, ella se ríe. El resto de la tarde el Sr. Robles lo pasa con su hija. A mí, han venido a visitarme mi mamá, mi papá y mi mejor amigo, Carlitos. Carlitos me pone al día en todas las cosas del colegio, me cuenta que Juan se ha declarado a Pamela y que ella resolvió en decirle que sus papás no quieren que ella tenga enamorado. Me lo cuenta cuando mis papás han salido a comprar unas pastillas. Me dice que la hija del Sr. Robles es muy guapa y que le va a sacar su correo. Yo le digo que es muy linda pero es mucho mayor que nosotros. Me dice que no le importa, que su primo Pedro, que tiene nuestra edad, tiene su novia de 20 años y que andan de la mano por la calle, como si nada. Mis papás llegan y me recuerdan que mi intervención está programada para dentro de un rato. Yo les respondo: “No tengo nada que hacer hoy; no tengo ningún inconveniente en que me operen”. Ellos se ríen, al parecer el Sr. Robles parece haberlo escuchado y también ríe. Me siento feliz por tener a mis papás, a mi mejor amigo, y al Sr. Robles que me ha enseñado a tener una actitud positiva siempre, a sonreír y hacer bromas aún cuando dos enfermeros vienen a recogerme en otra camilla para llevarme a la sala de operaciones. Me sacan de la habitación y me logro despedir del Sr. Robles con un movimiento en la mano, él me mira con una sonrisa y me devuelve el saludo. Luego de 5 minutos el doctor me dice cuente hasta 10. Yo le hago caso: “Uno, dos, tr-e-s, c-u-a…”


Despierto mirando hacia el techo, mi visión aún no es clara pero si no me equivoco estoy en mi habitación, en mi camilla. Siento un pequeño dolor en la espalda, mejor no me muevo. Giro mi cabeza a la izquierda y mi mamá está arrecostada en el asiento del costado, parece dormida. Al fin se despierta. “Hola mamá. ¿Todo salió bien?” le pregunto, aun con el desconcierto de quien ha dormido por años. “Todo salió bien, mi amor, todo está bien” me responde. Sin embargo no me siento así, siento que algo salió mal, que no me siento bien por algo, que en la operación algo ocurrió, algo que me perturba, un vacío incontenible, un silencio inentendible, un aire sobrante. La camilla del Sr. Robles está vacía, sus cosas no están como de costumbre, su cama desordenada ahora luce plana, limpia, triste. Mi mamá me mira y su mirada me confirma lo que sospecho. Me aferro a mi pecho y lloro con una fuerza incontenible, son horas de llanto necesario, es un tiempo indispensable para recordarlo y entender bien las cosas, entender que él siempre estuvo sonriendo, haciendo bromas, hablando, teniendo una actitud de optimismo y alegría que todos deberíamos tener. Al fin entiendo de que esas horas que he pasado llorando tienen que acabar y cambiar de estado, sonreír y llenar de alegría el mundo que él ha dejado, recordarlo sonreír y… sonreír.

A los 2 días me dan de alta; camino lentamente como asegurando mis primeros pasos después de un largo tiempo de haber estado postrado en esa camilla. Camino al final del pasillo y la luz empapa mis mejillas, mi cabello, mis ojos. Afuera, un árbol gigante sirve de colador de algunos rayos de luz, y da protección al hermoso jardín del que el Sr. Robles me habló. Era el jardín más hermoso que había visto en toda mi vida, quizá haya visto jardines mejor decorados y provistos de más variadas plantas y flores, pero su belleza interna siempre había pasado desapercibida, ahora podía ver la verdadera belleza que tiene ese jardín, su energía interna, sus calidez implícita, su ternura infinita, su espectacular belleza y grandeza. El Sr. Robles me enseñó a ver la verdadera belleza que tienen todas las cosas, y yo le agradezco infinitamente; ahora nada es nimio, nada es irrelevante, difícil, insignificante, despreciable. Ahora que algo malo me sucede -alguna persona o alguna situación- solo hago en mi memoria al Sr. Robles con su bata celeste, su trasero gracioso que se asoma con recelo, su mirada tierna, su sonrisa de ángel, y sus bellas y únicas palabras que le entendí: “Vengo del jardín y allá afuera hace un lindo día, seguro tu podrás pasear allá mañana. Nunca olvides su belleza”.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Consideraciones


El fin de este blog es compartir con nosotros mismos (es decir todos los que tienen la oportunidad de visitar este sitio) nuestras propias vivencias y sacar algún provecho de ellas. Cuando empiezas escribir en tu respectiva bitácora personal encuentras momentos en las que piensas que estás siendo demasiado indiscreto contigo mismo, que estás soltando mucha soga, que estas hablando de cuestiones intímamente personales y que no sabes cuál será el impacto en el futuro de aquellas confesiones. Esta muy bien que el escribir represente para muchos un fin lúdico y de entretenimiento para sus lectores; pero muchos, a los que conozco virtualmente, escriben porque sienten que al escribir van dejando atrás esas presiones, que se van quitando de encima un gran peso, que están desechando una carga sentimental, o están escribiendo un recuerdo muy bonito y peculiar. Esa motivación catárquica es la que conlleva a que muchos escribamos sin pensar en cuáles serán las consecuencias, sólo con el afán de entregarnos en un pedazo de papel o una pantalla de colores, las cuáles, más tarde, podremos verlas como personas sentadas desde la butaca de un cine, o como una persona que lee un libro de un autor desconocido. No obstante, muchas veces hemos sentido de que hubieron cosas que no debimos escribir, porque los escribimos en momentos volubles, o porque estábamos equivocados en esos momentos. Eso es parte de la vida. Cuestionarnos las decisiones es algo que sucede a menudo, y no hay porqué sentirse mal por eso. Escribir es muy bello en el sentido de que puedes hacer las cosas muy entretenidas, personales o juiciosas; pero en cada una de ellas, por más inventiva y/o alucinación que tengamos, vamos dejando huellas de nuestras experiencias y más íntimos deseos y frustraciones. Es por eso que escribí sobre el "cobrador de combi": por lo hablado hasta el momento. Así que agradezco sus recomendaciones, pero este no es un blog personal (en el fondo lo es, como todo lo que escribimos) como para odiarme o entenderme a mí. La intención del blog es agarrar una idea y hacerle girar sobre ella una serie de contextos que involucren una temática de la qué hablar. Por lo tanto muchas gracias por sus comentarios, resultó muy gracioso involucrarme con ustedes de esa manera.

Por lo dicho, escriban sus sugerencias al blog, acerca de lo que ven, oyen o hacen, y si tanto es el roche, prometo seguir con la "primera persona". Compartir para mí es primordial en estos medios de comunicación que se difunden con velocidad de gacela, y por eso agradezco a dos amigas blogeras que hayan compartido conmigo un "meme". En este caso me autoexcluyo de las cuestiones personales, pero sí quisiera compartir los obsequios hechos por Milagros y Mapo. Gracias a ustedes.

- Es que Santa no soy!: Milagritos del Cielo, no hay necesidad de agregar incisos a su vida, todo está relatado con absoluta gracia y libertad.

- De Carteras y otras Nueces: Mapo, es una blogger vivaz y entendida. Madre, y eso la hace superior a cualquier otra mujer; tiene el amor natural que fluye en cada escrito que nos entrega.

A golpe de bala, he decidido compartir con ustedes 5 blogs de los más condimentados y extravagantemente buenos, que siempre los leo y visito. Estos son los blogs que, por su contenido y esfuerzo, considero como los más destacados.


http://xtiancs.blogspot.com/ Christian Chininin (Lima - Perú)




http://psimago.blogspot.com/ Patricia (Indonesia)


Gracias a ustedes por compartir en Oreja Azul y hasta la próxima visita.

viernes, 19 de septiembre de 2008

COBRADOR DE COMBI


Terminamos la ruta de los viernes. Eran ya pasadas las 11 de la noche. Habíamos hecho una carrera frenética por terminar la última ruta de los viernes. Ahí nos encontrábamos Juan, el chofer, Giancarlo, primo de Juan, y yo, el cobrador (*). Estábamos cansados, atestados del caos de la ciudad y de la gente: siempre corriendo, siempre reclamando, siempre haciendo novela por las huevas. Cogimos nuestras cosas a la alocada y nos metimos al bar chicha y putrefacto pero melancólico en ocasiones como éstas. Nos reuníamos ahí desde hace un par de meses atrás y ya se había convertido en un derecho consuetudinario al cual no estábamos exentos por ningún percance que sucediera, no, en ese momento. Un tipo de mucha existencia nos queda mirando del otro lado de la mesa, se acerca y habla con Juan, el chofer. Juan es moreno como la cerveza, tiene la frente y la boca ancha, la barriga como de un oso, y el aliento a lodo; pero es un buen jefe, a pesar de que jode cada vez que no cuadra, por alguna razón, la caja de los pasajes del día, me llevo bien con el negro de marras, y nos divertimos jodiendo en la combi, y nos divertimos después de la combi. Juan no tiene esposa, pero sí hijo, mejor dicho una hija, su nombre es Rosa, igual a su madre, y cómo le jode a Juan que sea así porque cuando se encuentran, los nombres se confunden y el no le tiene el más mínimo respeto a la madre de su hija, le jode que tan rápido haya hecho una vida nueva, con otro hombre, con tanta prisa, sí, la prisa es lo que le jode, aunque nunca hable de eso, porque justamente le jode, pero ya llevo con él más de un mes tomando y sé cuáles son sus angustias, por lo menos después de la primera ronda de cervezas. Mientras Juan habla con este tipo flacucho y viejo, Giancarlo (primo menor de Juan) y yo nos enjugamos las primeras chelas de la noche. “El transporte público son una mierda” me dice. “Lo son, pero de esa mierda estamos acá. Uno trabaja para comer, este negocio no es el más prestigioso de la ciudad pero se gana pues compare, la gente te paga, ahí está el dinero, hacer otra cosa es perder plata. La gente tiene necesidades, si nos preocupáramos por cómo vive la gente, nuestros bolsillos estarían llenos de moco.” Le contesto. En eso suena mi teléfono. Es mi enamorada, me pide que vaya a verla porque ha tenido un problema con sus papás. Le digo que estoy cuadrando las cuentas con Juan y que es probable que demore un poco. Juan, quién acabó de hablar con el sujeto del otro lado de la mesa, me hace un grito estruendoso, mordaz y susceptible a todo el local, incluso al teléfono. “Dónde estás” se oye del otro lado del teléfono. No se me ocurre otra cosa que decir que estamos afuera de la casa de Juan, cuadrando las cuentas. “Mira, mi amor, espérame 30 minutos, ya voy para allá, ok, cuidate mucho, un beso” le contesto casi saliendo del local. Se despide un poco triste y me entristece también su voz. Prometo terminar esa ronda con Juan y Giancarlo y salir volando en taxi para su casa. Calculo que debo estar por allá a las 12:30, no creo más con el taxi y la corta distancia que queda su casa. Me siento y los muchachos le dan unas enjuagadas a su boca con cerveza mientras me lanzan sendas burlas por la marcación. La marcación viene a ser la comunicación que establece tu enamorada para saber que estás haciendo, dónde estás, si tienes algo que contarle, o simplemente para ser escuchadas.



Terminamos de hablar de tontería y media, no hay otra cosa que nos haga sentir mejor luego del día que sentarnos a hablar de los chismes de la gente del negocio, sus confidencias, sus amarres, sus peleas, sus vidas. Sin negarlo después, cuando nos encontramos alrededor de una mesa, con unas chelas encima, nuestras mentes se abren a un espectáculo de chismes realmente irónico. Aunque detrás de todo eso se encuentre el deseo de esconder nuestros más íntimos miedos y hacer alarde de nuestros pocos éxitos con sumo histrionismo, el alcohol ayuda en eso. Pero de lo que no se habla al comienzo, brota de forma natural después. Cada uno tiene ciertos fantasmas que merodean sus cabezas y los hacen seres en completo desasosiego. Quizá eso explique nuestra naturaleza gruñona y por lo pronto ladillosa, intransigente y malcriadamente machista. Juan comienza a alardear de que ha conocido a una mujer muy buenota, tiene unas piernazas que lo vuelven loco. “Está bien rica la chola” nos dice. Pero con el transcurso del tiempo y de las cervezas, su discurso comienza a virar a la nostalgia por su hija, él quisiera darle lo mejor, quisiera poder pasar más tiempo con ella, quisiera llamarla por su nombre sin temor a que su madre se incomode por su aspecto obeso y casi indigente. “Yo me muelo el lomo por mi hija carajo” dice con soltura y al parecer ya le cayó mal la chela. “Tranquilo hombre, mañana vas a ver a tu hija” me refiero al día de mañana que en realidad es hoy porque ya son pasadas las 12 de la noche. “No aguanto la cara de $&3# que me pone la $&3# cuando voy a verla. Me repudia, y es recíproco”. Nos quedamos callados. Pasa cerca de una hora más. “Oye Juan, yo te conté de mi flaca. Es lindísima pero hay algo que me fastidia desde hace mucho tiempo” al parecer es mi turno de dar con mis dolencias del alma. El cuerpo lo tengo cansado algo así como las ganas de ir a verla, no por ella, porque la quiero como a nadie, es la única persona cerca que tengo, la cuestión pasa por sus padres, por su casa, por su alfombra en el piso, por su supuesto status de familia acomodada, por su estilo peyorativo de mirarme, por su negación de reconocerme como lo que soy. Lo único que busco es quererla como a nadie pero también busco un espacio en ese restringido espacio acomodado e imaginario que hacen que las personas se comporten de una manera y te miren y te traten de otra manera, a eso le llamo segregación. Ese comportamiento primitivo por no considerar a las personas por su apariencia, por su cabello, por su color, por su escasa fortuna o por su lenguaje popular y menospreciado. Las cosas fluyen de manera natural, las conversaciones (porque son muchas en un mismo tiempo) son un libre mercado, todo se rige por la oferta y la demanda: oferta de rencores y nostalgia, y demanda de cervezas y compañía, quizá cada uno este solo en su propio mundo, quién sabe. Quizá sea tarde ya para ir a casa de mi enamorada, mañana iré a primera hora, no hay lugar a dudas.



(*) Soy un joven cobrador, de combis, valga la redundancia. Me gustaría que me hagan llegar su opinión acerca de mi situación, de mi estereotipo de hombre, de mi tipo de situación. Toqué algunos temas que creo tienen que ver con todos nosotros. La persona que lo relata no importa, pudiste haber nacido en una cuna de oro o haber tenido mi suerte.


08. Que Chucha Blues - Los Fuckin Sombreros

jueves, 18 de septiembre de 2008

Sueño


Estaba nervioso, muy nervioso. Mi pecho hinchado y los hombros rígidos como costal de boxeo. Tú estabas a mi lado, mirabas adelante y nada más que adelante. Me acerqué a ti, y sentí tu calor, tu aroma. Mientras más me acercaba, más te sentía. Esa habitación estaba atestada de gente. Antes de acercarme a ti, la gente estaba caminando y hablando por todos lados, pero una vez que me acerqué a ti las personas comenzaron a desaparecer como unas burbujas de detergente que se rompían en cada segundo que me acercaba a ti. Por fin pude estar lo suficientemente cerca para darme cuenta de que mi pecho iba a explotar en algún momento y solo produje un espasmo de agitación, un suspiro de enajenación, un descuido del alma, una fugaz brisa de amor. Al parecer todo ese halo que envolvía nuestras circunstancias habían esclarecido todo el cuarto donde estábamos. Ahí estabamos nosotros, las sillas de madera, la ventana resplandeciente con un camino de luz y esperanza, el techo muy bajo y níveo, y el silencio de un mundo sin dueño, una coincidencia de mundos extrañamente diferentes, una convivencia de ideales distintos, una tregua de hombres de procedencia desconocida, dos personas que se miran en un descuido del destino y que ven a través de sus ojos el pasado de un amor que aún yace dormido, somnoliento, pero con la fuerza viva, para luchar, para pelear, para no darse por vencido. Un pañuelo se cae al piso, desconozco su dueño. Cae lentamente y mientras hace su viaje gravitacional hacia el suelo nuestros cuerpos se acercan en un viaje abismal que tienen a nuestras cabezas frente a frente, sosteniendo el mismo pañuelo, agachados y con nuestras sonrisas francas que desnudan el verdadero fin de nuestras almas. Nuestras sonrisas por más afán a la gloria que al miedo se encuentran en un beso que no tiene descripción, que no se puede decir qué estuvo involucrado en esa suerte de fenómeno de la naturaleza divino. Sólo hay dos testigos que no tienen que decir nada, solo se ven, se sonríen y todo esta tan callado, tan tranquilo como el mar, como el viento, como el cielo, como todo lo que siento cuando estoy contigo.


Lamentablemente cobro consciencia de que estoy soñando, sé que estoy soñando, he pasado tanto tiempo pensando en ti que he quedado dormido. Todo lo que he relatado se ve reflejado en un sueño, un sueño del cual no quiero despertar, un sueño que me angustia el alma de saber su naturaleza y su existencia, un sueño que aminora mi felicidad pero que no impedirá que nos amemos aunque nunca hayamos tirado de la misma cuerda. Quiero dejar la idea de que es un sueño y seguir contigo. Es lo único que me hace sentir bien. Egoísta me digo a mí mismo, aunque no me escuches, pero soy el culpable de que todo esto esté así, con mis frivolidades machistas, con mis arrebatos temerosos, con mis inseguridades de por medio, con todo lo que nunca sucedería en un sueño pero que al parecer éstas están presentes en nuestras vidas. Es un sueño, me odio por ser así. Sé que es un sueño y me aferro a ti, y lo vivo como si fuera la realidad, la realidad de la que escuchamos del otro lado de la puerta, la realidad que se convierte en un sueño voluntariamente y por desgano, por culpa y esmero de nuestras más insalubres pulsiones.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Un lío en mi habitación


El último martes llegué bordeando la medianoche. Había estado con dos amigos en un bar por la universidad. Uno era el inconfundible Amer con sus freudianos comentarios, a veces oportunos; y otro, el simiesco y reverentemente gracioso Gerber. Compartíamos divagaciones y sobretodo recomendaciones para que Gerber pueda sorprender en el corazón de una paraqué guapa chica de la universidad. La cuestión era que cada uno tenía sus motivos para estar ahí; Amer saboreaba el resumen juicioso y enriquecedor de su vida sentimental explicándonos la naturaleza migratoria que el había sufrido de ser un muchacho sumamente romántico a un hombre simplista y aplicativo, en el sentido de las cuestiones carnales; Gerber analizaba las posibles acciones que le recomendábamos con minuciosidad y factibilidad para conquistar a la chica guapa que comenté líneas arriba; y yo rebosaba de reminiscencia con el cuerpo pegado a la mesa, el brazo sosteniendo un cigarro, y la vejiga algo atiborrada. En fin, ese día llegué cerca a las doce a mi casa, tenía el aliento a alcohol y el hedor a cigarro, supongo que lo habrán notado las personas con las que me topé, suquiera vagamente. Esos días estaba un poco deprimido y con mucha duda de mí mismo, dudaba de cosas tan imprecisas como inentendibles. Me preguntaba si alguna vez había amado a alguien y si es que esto había sido sentido por la otra persona, la duda de que alguna vez pueda aprender a amar a alguien me embargaba y quizá por eso buscaba a la persona que más amor puedo darle y no sentirme efímeramente rechazado. Introduje la llave en ese espacio oscuro que parecía no tener puerta y la giré con suma audacia. "Hey! bebé, como estás" la salude a ella con eterna dulzura. Me agrada su calor, su sonrisa, y su apoyo incondicional, porque nunca me esperará con una mirada inquisidora, el pie en cascabel y los brazos en jarra, nunca me reclamará nada excepto cariño, abrigo y comida. Se llama Perla pero raras veces la llamo por su nombre, el cariño que le tengo y su inconfudible mirada tierna y silenciosa hacen que utilize el bobalicón tono que utilizas cuando estás frente a un bebé, porque su nombre es Perla pero su gracia hace que la llame de distintas formas: ChiquiBob, muñequita, piraña gorda, bebé, Chiquirica, todos apelativos que los lleva muy conservados a sus 7 años. la cargué con el cuerpo apuntando hacia arriba y le di un beso en la mejilla. Luego la solté y me escolto hasta la cocina, el baño y mi dormitorio, en ese orden. Quiso entrar a mi cuarto pero recordé que días antes cuando estábamos viendo una película ella había saltado a mi pecho y luego de unos minutos echados frente al televisor un insecto incalculable y movedizo había tenido la osadía de picar mi bien esmerado estómago (valga el eufemismo). Entonces cuando ella me miraba con su mirada tierna de permiso yo recordé aquella escena de la pulga y mi estómago y lo lamenté pero a pesar de su mirada tierna y su cola que parecía decirme "vamos, dormiré en el cobertor de tu guitarra" le fui cerrando la puerta con una ligera rapidez para evitar de que su excesivo encanto fluya en mis entrañas de manera antojadiza. Le cerré la puerta y desde adentro le grité "El domingo te baño, bebé, ve a dormir". Sería el domingo en el que la bañaría porque esa semana la tenía copada de asuntos intrascendentes pero absurdamente necesarios.


Es domingo, aún, la noche anterior me acosté temprano, más por aburrimiento que por cansancio y por eso que hoy me levante temprano como no es costumbre hacerlo los domingos. Es un día semejante a los de siempre, nublado, friolento, de cielo chato, un poco húmedo, pero allá abajo en la sala me espera una persona que tiene una cita pendiente conmigo. Hace frío, digo, no podría bañarla así, sería inhumano. Me pongo un jean y una camisa a cuadros, adentro le refuerzo con un polo porque hace algo de frío y no quiero contraer un resfriado, eso aumentaría mi depresión. Sin embargo recuerdo que la puedo llevar al veterinario y tercerizar ese trabajo penoso de tener que bañar a Perla con agua fría, además allá tienen agua temperada. Mi hermano ingresa en el relato para decirme que como sé yo que efectivamente la bañaran con agua temperada. Siempre él con su optimismo realista je! Finalmente (luego de desayunar y hacer la rutina de los domingos) la cogo por la barriga y la llevo a darse su baño, además son casi las 12 y ha salido un sol encantador y advenedizo en Lima y no resulta del todo malvado bañarla. Perla conoce el camino asi que entristece. Llegamos. Entramos a la veterinaria, un pequinés olfatea mi pierna y al otro lado un siberiano descansa al pie de un sofa rojo. Converso con la encargada y me dice que me llamarán en media hora para que la recoja. Dejo a Perla en los brazos de la señorita y no puedo dejar de sentir pena por la mirada con la que mira, por el silencio con el que me dice que no me vaya, pero hay momentos que debemos dejar los sentimentalismos y actuar rápida y racionalmente antes de que el corazón cobre riqueza. Hay cosas que son duras pero hay que hacerlas, porque con el tiempo las consecuencias te darán la razón, o porque es mejor que nunca te des cuenta, porque la realidad es más cruel y cruda que lo que queremos que sea, porque conflictos hay en todos lados, desde el Cáucaso hasta en nuestra propias mentes, pasando, obviamente, por si dejar o no a tu perrita de ojos tristes en manos de la veterinaria para que la bañen. Y finalizo como un comentario "Yo pienso que las cosas deben ser un equilibrio entre la razón y el corazón, que ahí radica la sapiencia de las personas, y el verdadero corazón de los hombres. Que las decisiones no se pueden tomar ni fríamente ni con la cabeza ardiendo, que es mejor tomar una pausa y luego ver que pasará". No se hasta cuando seguiré con estos líos internos pero lo que sí sé es que Perla ahora goza de un aroma celestial y ya no tiene las pulgas que impedían que entre a mi habitación.