domingo, 2 de noviembre de 2008

tres tristes tiempos


Esta es la historia de mi amor por Carmen. Tres tiempos distintos, el único amor, el que compartimos, el que vivimos, aunque el destino juegue perversamente con sus actores, hay una cosa que nunca murió, y esa es nuestra historia:


Sí, mi capitana (9 años)

Carmen vive a tan sólo dos casas de la mía. Es la niña más linda del vecindario y no conozco otra niña que juegue con el ambiente como lo hace ella: el sol le da color a su entrañable sonrisa, el aire le da forma a sus rubios cabellos, el suelo pone límite a su desbordante encanto; todo lo que ella hace parece estar guiado por la gracia de Dios, sabe mucho de juegos y juraría que siento un cariño inexplicable por ella. Las puertas de las casas están siempre abiertas para todos del vecindario. Carmen es muy querida por mi mamá, como no tengo hermana mi mamá la trata como su hija. Carmen se aparece como todos los días a la tres, después del almuerzo; a veces cuando sus papás por algún motivo salen, ella viene a casa a almorzar con nosotros, pero en las horas que dura el almuerzo nos la pasamos riendo, cantando nuestras hazañas y sonriendo nuestras aventuras, la comida se enfría y mi mamá se molesta. A veces los frejoles son molestos, los tomates insípidos y la sopa abundante en verduras, es ahí cuando disimulamos bien el secreto de guardar en los bolsillos todas las cosas que nos disgustan para luego tirarlas en el parque, lejos del descubrimiento y castigo de mi mamá. Juguemos a que somos navegantes, marineros, tenemos una caja grande de la refrigeradora que compró su mamá el otro día, y el patio de arriba todito para nosotros con todas las cosas inservibles que la gente del vecindario tiene ahí amontonado, pero que para nosotros son nuestras más grandes herramientas para nuestras más inverosímiles aventuras. Ella es la capitana y yo el marinero, no sé dónde vimos alguna vez a una capitana y un marinero pero yo me debo a mi capitana y estoy para cumplir cada una de sus órdenes.

Tan cerca a ti (14 años)

Carmen tiene muchos amigos, tantos amigos como los que no conozco y a los que solo veo de reojo, con la esquinilla de los ojos y con mucho recelo. Seguimos haciendo la tarea juntos, cenando en su casa y conversando hasta tarde en su puerta o escuchando música en su walkman. Los días en el colegio son geniales, nos la pasamos bromeándonos, ella siempre sabe el disparate que se me va a ocurrir y yo la cosa que la hará estallar en carcajadas. Tiene una rebeldía que a veces me asusta, a veces me dice cosas que no entiendo y tiene las palabras justas para cada entredicho. Hemos salido al teatro con la maestra de Lengua y Literatura, a un asilo de ancianos, y uno que otro museo, raras veces habíamos salido juntos, pero en cada uno de ellos nos divertimos mucho. La he visto reír y sonreír durante toda mi vida, y la he acompañado en sus momentos más tristes, cuando sus papás peleaban y ella se sentía más sola y menos querida que nunca; siempre la he acompañado, siempre estuve con ella.

El accidente (26 años)

Carmen luego del colegio se tuvo que mudar de casa. Éramos ya adolescentes y cuando la abracé para despedirnos tuve ganas de llorar pero no lo hice, ella tampoco. Pero la abracé muy fuerte, tan fuerte que no la quería soltar jamás, como queriendo impedir su alejamiento en ese minuto de emoción extrema. Le prometí llamarla y lo hice. Nos vimos unos cuantos fines de semana. Yo la visitaba y ella a mí, pero luego cada uno comenzó a enrumbar sus propios proyectos. Yo comencé a estudiar periodismo y ella enfermería. En el colegio me di cuenta que vivía enamorado de mi mejor amiga pero nunca tuve ni el valor ni la seguridad de decírselo. Me enamoré todos los días que vivimos, desde pequeños hasta la adolescencia, pero luego ella se mudó, yo dejé de verla por un buen tiempo, cada uno comenzó a dedicarse a sus cosas y nos distanciamos por casi 4 años, tiempo en el que solo la fui a ver cuando su papá falleció. Tiempo después me enteré de que tenía un novio. Me sentí extraño, no porque ella tuviese un enamorado, porque ella ya los había tenido en el colegio y yo los había conocido, sino porque de este tipo decía estar muy enamorada y que lo quería mucho, y él a ella, y que él era futbolista, pero no sólo futbolista, también estaba a punto de graduarse de abogado, mezcla extraordinaria, pensé con ironía. Además ella había comenzado a vivir con él en una casa por Pueblo Libre, todo según me decía se acercaba al compromiso, que su mamá lo conocía, que todo les iba muy bien.

Pienso que una persona puede ser el amor de tu vida cuando te das cuenta qué feliz eres cuando ella lo es, y qué triste cuando la pena la acecha. Pero no solo eso. Sino también cuando comparten toda una vida, cuando hay una conexión más que física, cuando la amistad queda chica y cuando alguna vez en su cumpleaños después de tanto tiempo de no verse, ambos se quedaron mirando por largo trecho, conectados de alma y mente. Ella siempre te había dicho que la camisa azul era la que te hacía el chico más churro del mundo, y esa vez tu habías ido a su casa con una camisa azul impecable, con los ojos brillosos y claros, con tu sonrisa chueca y tu porte de marino, como decía ella, y habían quedado mirándose, reconociéndose el uno al otro, mirándose de alma a alma, y sentían que haber estado separados por tanto tiempo había sido una lisura del destino, que Dios los había puesto en el mismo camino desde de la infancia, y aunque los había distanciado por algún tiempo, era ese momento la voluntad de Él para que nunca volvieran a alejarse. Y el amor es tan confuso que a veces uno no sabe el momento pero sí la persona, y está dispuesto a esperar, esperar todo el tiempo que sea posible, aunque a veces este no tenga existencia en este mundo.

Siempre pensé que ella era la persona de mi vida. En los tiempos del colegio viví enamorado de ella, luego nos distanciamos. Yo me enamoré de una chica de la universidad, pero nunca encontré ni la afinidad intelectual, ni la conexión emocional, ni el despertar sexual que tenía Carmen en mí. Ella era todo en mí, y cada una de las chicas con las que traté de hacer vida, siempre fueron siendo eliminadas en mi mente al tiempo que mi inconsciente las comparaba con Carmen, el amor de mi vida y de mis vidas. Así me fui deshaciendo del ilusorio amor de ellas y recordando con amor su sonrisa, su compañía, su mirada y sus palabras. Cuando supe que ella estaba comprometida con el futbolista, se me hizo un nudo en la garganta, como si alguien me hubiese ajustado la corbata a tal extremo de ahogarme, y solo atiné a llamarla y verificar si era cierto, y en el peor de los casos felicitarla. Ella contestó el teléfono con un alegre “aló”, me invitó a su casa, a conocer a su novio, a conocer su felicidad, aquella que, pensé yo, yo no era parte. "No puedo este sábado, tengo una ceremonia por el arribo del embajador de Italia". Le dije. En realidad, no quería saber mucho de su felicidad, porque no la sentía mía, quizá mi egoísmo no me dejó ver que la persona que estaba del otro lado del teléfono, era el amor de mi vida, y que el mundo da espacio para el amor en los momentos menos pensados, y que el amor solo es verdadero cuando se comparte, cuando se tiene a uno al costado, cuando se es un amigo por el resto de tus días.

Días después de haber conversado con Carmen, el novio viajó a Tarapoto a disputar un partido con el equipo al que pertenecía. Carmen lo acompañó aprovechando unos días libres en el hospital. Ya en Tarapoto el equipo se hospedó en un hotel cerca al estadio. El partido lo perdieron 5-0 y algunos jugadores esa noche salieron a distraerse, incluido el novio. Salieron a hurtadillas del comando técnico y por supuesto de Carmen. El mequetrefe del novio, bebió de más, y junto a otros jugadores realizaron una visita por lugares extraños, preferidos por hombres solos y de apariencia vacía, apoyados por el alcohol se revolcaron con prostitutas y amanecieron en su embriaguez con ellas. Alguien presenció los flirteos en el local de las meretrices y tomó algunas fotos, fotos que llegaron perversamente a manos de Carmen. La suciedad con que se traiciona a alguien es solo vista por escasos minutos para dar cuenta de su veracidad, y en esos momentos Carmen se sintió la mujer más imperfecta del mundo, la cosa más absurda y estúpida. Tembló de miedo más que de ira, soltó una lágrima de sufrimiento, y solo quiso desaparecer. Salió del hotel entre llantos, con la mirada perdida, el mundo se le hacía tan oscuro, tan cruel, tan inhumano, tan mentiroso. La gente parecía saberlo todo, todos parecían saber su situación, todos parecían tan cómplices de todo, tan apañadores, tan permisibles, tan traidores. Cruzó la pista y tomó un taxi al terminal para tomar el primer bus hacia Lima, en busca de los brazos de una madre, de un amigo, de alguien en quien creer. Compró el primer boleto hacia Lima y sin consciencia de dónde estaba se sentó en el asiento de la ventana y se echó a llorar, no quiso mirar a la ventana, quiso que el carro se esfumara de ese lugar cuanto antes, que cuanto antes olvidara todo, hubiese gustado desmayar pero la desesperación de la realidad no la dejaba descansar, la agobiaba y la tenía acurrucada en llanto en el asiento de atrás, sin alma, despojada de amor, traicionada. Dormir, despertar, ser otra, sin recuerdos, sin nada. El bus encendió el motor y con él el alma de Carmen se ahogó en lágrimas, arrastrando cada minuto al silencio, al frío, al calor, al sueño, a la nada. De pronto los brazos de un hombre la estremecieron. Tres hombres en pistola gritaban reclamando dinero y todas las pertenencias de los pasajeros, aquel que se resistiera sería matado, así de simple. El bus se encontraba a un lado de la carretera, casi al extremo, uno de los hombres la sostenía de los brazos a ella, y los otros tenían reducido al chofer. La justicia de la vida se deshace de grandes tempestades pero a veces no discrimina el bueno del malo, el inocente del culpable, el amor del odio, y en ese momento en el bus se sintió un huracán que vino de la parte de atrás del bus. Todos volaron como ropa tirada al aire, incluidos los ladrones. El bus se desbarrancó a un abismo y de él no quedó ningún sobreviviente, ni el amor, ni el odio, ni el perdón, ni el rencor.

La noticia llegó a mí de la manera más ponzoñosa para mi corazón. Alguien me llamó al celular a las 5 de la mañana y me dijo que Carmen había sufrido un accidente. Llamé a la agencia, nadie me dio razón. Pensé que todo era una broma, que estaba medio dormido para ser verdad, pero en el corazón algo me decía que a Carmen le había sucedido algo malo. Al mediodía nos dieron la terrible noticia de que el bus donde viajaba Carmen se había desbarrancado y que no había heridos, todos habían fallecido. Pensé en ella, su voz, su rostro, su compañía, y en ese momento todo se me vino abajo, sentí nauseas, mi corazón se estrujó y un fuerte dolor de cabeza se apoderó de mí. Fui al baño de la agencia, casi balanceándome llegué al lavadero y abrí la llave, un fuerte chorro de agua golpeó mis manos. Salpiqué una gran ola de agua en mi rostro, y toda mi cabeza quedó mojada, bebí agua en un inútil intento por calmarme, agarré un poco de papel y me sequé el rostro con tanta fuerza que sentí algo de ardor en mis mejillas, luego aun mareado me dirigí al inodoro y me senté, lloré, lloré, y lloré, no recuerdo más. Aunque el amor no tenga existencia en el tiempo, siempre estuvo volando, siempre nos amamos, siempre respiramos de ese dulce amor de jóvenes. Su tierna alma e inigualable amor fueron desde siempre el motivo de estar vivo, y aunque nunca me despedí de ella, el recuerdo de su voz, las lágrimas de su tristeza, la sonrisa de su alma, y todas las palabras que ella pronunció quedarán marcadas con tinta indeleble de color rojo, con una pluma puntiaguda que memoriza y hace infinito mi amor por ella, Carmen, mi mejor amiga, el amor de mi vida.

13 comentarios:

Mariel Ramírez Barrios dijo...

Una historia TAN entendible
TAN dolorosa
que te deja con un nudo en la garganta
Y digo
TAN entendible
porque a mí me pasò ,exactamente,mejores amigos siempre ( esa CONEXIÒN QUE TAN BIEN EXPLICAS)
las dos personas màs importantes de nuestra vida recìprocamente
dolor y nunca encuentro
Hoy somos amigos...pero este final tuyo,,el saber que quizàs hubiera buscado tu abrazo....
y luego
el fatalismo
" lo que deba ser,serà"
Amigo
Cuando leo y me impresiono,es muy bueno.Gracias.Abrazo.

Mariel Ramírez Barrios dijo...

Por supuesto ,debo aclarar ,por tu crìtico literario,que me llamara maestra ciruela,que sí,hay algunas palabras redundantes y eso podrìa pulirse;al igual que la puntuaciòn...( jaja..no vì errores de ortografìa)
pero asì
A MÌ ME IMPACTÒ
ME HIZO EMOCIONAR
y me parece un muy buen cuento.
PD música y textos en negrita impresionantes.

Fiore dijo...

Me emocionó, me gustó mucho tu historia, muy profunda

bso!

soleil dijo...

WOW!!!

Que historia tan triste... la desesperanza es uno de mis mas grandes miedos, y esta historia me da ese sentimiento... es demasiado trizte que elementos que no fueron bien sumados lleguen a dar resultados tan fatales.

Me gusto la division de la historia, como uno se siente incluido en ella, y como si hubiera vivido la historia con los personajes.

Daphne dijo...

uf
no sé qué decir
supongo que eso es lo que quiero decir

ak_pij@hotmail.com dijo...

Eres un trágico incurableeeeeeee!

Bueno... sobre tu personaje, pienso que se mostró muy AMIGO ¿piensas que de haberse declarado a su amigadetodalavida ella lo hubiese aceptado?. ¿Qué dices tú?

Pablo Rubí dijo...

Eres un trágico incurableeeeeeee!

Bueno... sobre tu personaje, pienso que se mostró muy AMIGO ¿piensas que de haberse declarado a su amigadetodalavida ella lo hubiese aceptado?. ¿Qué dices tú?

Wilmer-Avila dijo...

El amor inencontrable pero existente, pienso que es la lógica de esta triste historia. No pienso en que alguien tenga un único amor de su vida (y que se busque insaciablemente al "principe azul" o su correspondiente en los hombres), pero sí de que hay amores que resultan insufribles y a la vez perfectos como éste en particular; amores que son o pueden llegar a ser desencadenantes de felicidad y sosiego, o resultar angustiantes, depresivos, y melancólicos.

Mariel, gracias por la visita. Las fallas de puntuación quizá se deba a la emoción, elemento indispensable en una historia; de todas maneras prometo darle una revisada.

Soleil, a veces el miedo nos hace actuar con prudencia, a veces nos limita a dar por el temor de no recibir lo mismo. Pero es un rasgo que se va eliminando en la medida de que te das cuenta de la importancia de tener un corazón saludable.

Rubí, bonito sobrenombre. ¿Y la amistad no es un elemento del amor?

Gracias por los comentarios. ¿Alguien con una historia fatal similar? Me gustaría añadirle más lágrimas y sufrimiento a mis noches en los bares.

Cathy Pazos dijo...

Me encantó tu historia, muy sentida y profunda.

Muy lindo post.

Chio dijo...

y leo y lloro, porque yo tambien tengo a mi insufirble perfecto, ese q siempre pensaras, ese que siempre te movera tus adentros.

me encantó.

Wilmer-Avila dijo...

Mil noches yo quisiera tomar. Si no tengo tu amor, para qué yo vivir.

gabriel revelo dijo...

chassssss...

vaya historia, te puedo decir que me tocó hasta la fibra más oculta de mi ser, pues a mi me pasa igual con mi mejor amiga. amores así son los más puros, los más autenticos y siempre nos harán crecer...

va por ellas,
gracias por recordarmelo.

saludos!

Patricia dijo...

Me extrajo una lagrima, es una historia conmovedora pero muy dulce y hermosa, amores que no se olvidan...
se te extranha en el mundo blogero!
un beso,